Santiago Sosa responsable del gran estado del césped del estadio

En su caso, la tarea es aún más complicada, puesto que las condiciones climatológicas y la ubicación de las islas dificultan gravemente la tarea de conservar el campo en buen estado.

En los partidos su mirada no se para en los lustrosos jugadores, tampoco en el balón, ni siquiera en el árbitro cuando toma decisión dudosa. «De los encuentros disfruto poco», reconoce, porque el césped es su obsesión, y, aunque siempre quiere que gane la UD, su verdadera victoria es que el terreno responda a las carreras, saltos y caídas de los futbolistas. Si es así, se permite irse con una sonrisa a casa. Santiago Sosa sufre cada vez que el verde es maltratado por unos tacos de aluminio, pero su batalla es contra la naturaleza, el clima y, sobre todo, las malas hierbas. Es el groundsman de la UD Las Palmas y su misión es la de mimar los 105 metros de largo por 74 de ancho de verde que hay dentro del Estadio Gran Canaria. «Mi primera casa» corrige cuando se le plantea el recinto de Siete Palmas como segunda hogar. «Aquí no te puedes dormir», justifica su dedicación. Pero los frutos, infravalorados para el público general, están ahí, se pueden ver en cada jornada en la que los amarillos juegan como local y el campo reluce a las mil maravillas durante los 90 minutos que dura la tortura a la hierba.

«Hay una gran presión porque es un club de Primera División, que realiza grandes fichajes, practica un fútbol vistoso y al que acuden miles y miles de personas a verlo. Y todo esto sin una planchita de césped que responda bien, no sirve para nada», analiza exigente este técnico especialista agrícola. «Los aficionados se gastan el dinero y quieren ver un evento a la altura de las circunstancias», continúa, y aunque reconoce que por momentos se hace casi insoportable su profesión, es un reto que encara con valentía. «Ya no son nervios, sino noches sin dormir y preocupación máxima. Pero es como la adrenalina de un alpinista al que le gusta escalar aún cuando sabe que se arriesga. A nosotros nos pasa igual, hemos elegido este trabajo a pesar de que el camino conlleva riesgos, pero termina compensando», asegura Sosa.

Y precisamente en su caso la tarea es aún más complicada, puesto que las condiciones climatológicas y la ubicación de las islas dificultan gravemente la tarea de conservar el campo en buen estado. «Por estar en Canarias tenemos una legislación que nos impide traer plantas o cualquier tipo de vegetal con tierra en sus raíces», comenta. Una desventaja con respecto al resto de clubes de Primera que se permiten traer césped importado de países europeos como Holanda o Francia. «Nosotros lo tenemos que sacar adelante con semillas. El resto de equipos trabaja con plantas vivas directamente. Lo nuestro es un trabajo artesanal», especifica con orgullo.

De ahí que en el momento en el que el partido termina y el césped luce señorial, verde como antes de empezar, Santiago respire y contabilice tres puntos en su marcador particular, aunque las palmadas se la lleven otros. El desconocimiento hace que la gente no comprenda la dificultad de su labor y cuando la hierba se levanta, las críticas rozan la crueldad, como ocurrió tras el ascenso a Primera. «Nosotros preferimos pasar desapercibidos. Cuando no se habla del césped, estamos todos tranquilos, es el objetivo. Que se hable de los jugadores, del equipo, del club. Eso es buena señal», razona elocuente el encargado de una labor transparente pero fundamental para que la afición amarilla pueda disfrutar del mejor fútbol del mundo. Él es Santiago Sosa, el groundsman de Las Palmas.

Santiago Sosa es técnico especialista agrícola y su empresa -Tecbinor- comenzó con la distribución, comercialización y asesoramiento a los agricultores con respecto a plagas y nutrición vegetal. «Ese fue el origen de la empresa. Y a partir de ahí fuimos evolucionando. El tema del césped empezó a atraerme después de ir a ver un partido. Yo no tenía mucha cultura futbolera, pero un amigo me invitó al Insular. No recuerdo contra quien fue, lo único que se me quedó grabado fue el olor del césped y lo maravilloso de aquella alfombra verde. Me dejó marcado y quise enfocar mi camino por ahí. Empecé, entonces, a viajar a Estados Unidos y a acudir a congresos, ferias, campos de golf, hablaba con gente del todo el mundo... Empecé a adquirir esa cultura de césped. Y a partir de ser un proveedor de productos y soluciones nutritivas, contacté con la UD, que necesitaba una serie de productos y asesoramiento. Empezamos por ahí y a da de hoy somos una empresa especializada en mantenimiento de instalaciones deportivas de césped natural de alto rendimiento», se explaya Santiago Sosa relatando sus casuales comienzos y de como el viejo Estadio Insular fue su fuente de inspiración.

Para cuidar el verde del Gran Canaria, Sosa cuenta con un equipo de cuatro personas cuyo sacrificio es encomiable: Ayoze García, Ricardo Vega, Armando Medina y Yeray Vega. «El césped se trata mañana, tarde y noche, y se corta entre una y dos veces al día», la dedicación es hasta el más mínimo detalle: «Cortamos medio milímetro de hoja cada vez que entra una máquina», especifica. «No es lo mismo ver la hierba por la mañana que por la tarde. Hay que saber interpretar lo que te está diciendo, qué necesidades puede tener para dárselo al día siguiente, y no dos días después», amplía. Y es que su cuidado no permite segundas oportunidades: «El césped lleva su tiempo mantenerlo bien, pero como dé uno o dos pasos hacia atrás, el recuperarlo lleva semanas y semanas. No nos lo podemos permitir», concluye este profesional cuya vida la dedica casi exclusivamente al cuidado, mimo y protección de la «alfombra verde» que hay en el interior del Gran Canaria.

Nota de Ronald Ramírez Alemán para Canarias7 Deportes 
 

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